Megarum Área privada

Para hosteleros

La carta por QR, y lo que nadie te cuenta de ella.

Cómo se monta, qué gana el bar de verdad, y la parte que multa: los alérgenos.

Cómo funciona, en tres pasos.

  1. Cada mesa tiene su QR, con una dirección propia. Se pega en la mesa o va dentro del portaservilletas.
  2. El cliente lo escanea con la cámara y se le abre la carta. Sin descargar nada.
  3. Pide, y la comanda entra por la mesa correcta. La barra ve las bebidas y la cocina ve los platos, cada uno lo suyo.

Lo que gana el bar, sin exagerar.

La terraza deja de esperar

Es donde más se nota: la mesa pide cuando quiere y el camarero va a servir, no a preguntar.

Cambiar un precio deja de costar dinero

Se cambia una vez y sale en todas las mesas. Nada de reimprimir cartas cada vez que sube el café.

Lo que se acaba, desaparece

Cocina lo marca y se cae de la carta al momento. Se acaban las comandas de lo que no hay.

Y queda apuntado qué se vende

No hace falta contar tickets al cerrar: el escandallo dice lo que ha salido y lo que ha costado.

La parte que multa: los alérgenos.

El reglamento europeo 1169/2011 obliga a informar de los catorce alérgenos en todo lo que se sirve sin envasar. La tapa incluida. Y tiene que poder consultarse antes de pedir.

Da igual que la carta sea de papel o de QR: la información tiene que estar. Lo que cambia con el QR es que se puede exigir que esté.

En Megarum, un producto sin alérgenos declarados no se publica. No es un aviso que se pueda saltar: se queda fuera de la carta hasta que alguien los confirme. Molesta el primer día y evita el disgusto del año siguiente.

El catálogo de productos de bar viene con los alérgenos sugeridos, pero sugeridos no es declarado: quien conoce su cocina es el bar, y es el bar quien firma.

Lo que no hacemos

Ni aplicación, ni registro, ni el correo de tu cliente.

Hay cartas por QR que piden descargar una aplicación, o el correo «para mandarte el ticket». Eso no es una carta: es una lista de clientes que se está llevando otro.

La carta de Megarum se abre en el navegador y no guarda nada del cliente. Si quiere su cuenta sin papel, la ve escaneando otro QR — y solo si él escribe su correo, se le manda.

Preguntas

Lo que nos preguntan de la carta por QR.

¿El cliente tiene que descargarse una aplicación?

No, y si se la piden, huye. Escanea el QR de la mesa con la cámara del móvil y se le abre la carta en el navegador. Ni descarga, ni registro, ni correo.

¿Es obligatorio poner los alérgenos en la carta?

Sí. El reglamento europeo 1169/2011 obliga a informar de catorce alérgenos en todo lo que se sirve sin envasar, y eso incluye la tapa. Da igual que la carta sea de papel o de QR: la información tiene que estar y tiene que ser accesible antes de pedir.

¿Puedo tener QR y seguir tomando nota a mano?

Sí, y es lo más habitual. Muchos bares ponen el QR solo en terraza, donde el camarero tarda más en llegar. El pedido entra por donde sea y la cocina lo ve igual.

¿Qué pasa cuando se acaba un plato?

Se marca agotado desde la cocina y desaparece de la carta al instante, en todas las mesas. Nadie pide algo que no hay, y quien ya lo había pedido recibe el aviso.

¿Los precios se cambian uno a uno?

Se cambian donde estén y salen al momento. Es la diferencia real con la carta impresa: subir la caña deja de costar una imprenta.

¿Y si mi cliente es mayor y no sabe escanear?

Le toma nota el camarero, como toda la vida. El QR no sustituye a nadie: quita las mesas fáciles de encima para que el camarero atienda a las que lo necesitan.

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