Para hosteleros
Cómo se monta, qué gana el bar de verdad, y la parte que multa: los alérgenos.
Es donde más se nota: la mesa pide cuando quiere y el camarero va a servir, no a preguntar.
Se cambia una vez y sale en todas las mesas. Nada de reimprimir cartas cada vez que sube el café.
Cocina lo marca y se cae de la carta al momento. Se acaban las comandas de lo que no hay.
No hace falta contar tickets al cerrar: el escandallo dice lo que ha salido y lo que ha costado.
El reglamento europeo 1169/2011 obliga a informar de los catorce alérgenos en todo lo que se sirve sin envasar. La tapa incluida. Y tiene que poder consultarse antes de pedir.
Da igual que la carta sea de papel o de QR: la información tiene que estar. Lo que cambia con el QR es que se puede exigir que esté.
En Megarum, un producto sin alérgenos declarados no se publica. No es un aviso que se pueda saltar: se queda fuera de la carta hasta que alguien los confirme. Molesta el primer día y evita el disgusto del año siguiente.
El catálogo de productos de bar viene con los alérgenos sugeridos, pero sugeridos no es declarado: quien conoce su cocina es el bar, y es el bar quien firma.
Lo que no hacemos
Hay cartas por QR que piden descargar una aplicación, o el correo «para mandarte el ticket». Eso no es una carta: es una lista de clientes que se está llevando otro.
La carta de Megarum se abre en el navegador y no guarda nada del cliente. Si quiere su cuenta sin papel, la ve escaneando otro QR — y solo si él escribe su correo, se le manda.
Preguntas
No, y si se la piden, huye. Escanea el QR de la mesa con la cámara del móvil y se le abre la carta en el navegador. Ni descarga, ni registro, ni correo.
Sí. El reglamento europeo 1169/2011 obliga a informar de catorce alérgenos en todo lo que se sirve sin envasar, y eso incluye la tapa. Da igual que la carta sea de papel o de QR: la información tiene que estar y tiene que ser accesible antes de pedir.
Sí, y es lo más habitual. Muchos bares ponen el QR solo en terraza, donde el camarero tarda más en llegar. El pedido entra por donde sea y la cocina lo ve igual.
Se marca agotado desde la cocina y desaparece de la carta al instante, en todas las mesas. Nadie pide algo que no hay, y quien ya lo había pedido recibe el aviso.
Se cambian donde estén y salen al momento. Es la diferencia real con la carta impresa: subir la caña deja de costar una imprenta.
Le toma nota el camarero, como toda la vida. El QR no sustituye a nadie: quita las mesas fáciles de encima para que el camarero atienda a las que lo necesitan.
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