Para hosteleros
Una lista para comparar antes de firmar nada, con lo que hay que preguntar y lo que suele estar mal. Sirva o no sirva lo nuestro.
No basta con apuntar el cobro: tiene que emitir la factura con Verifactu. Un programa que solo suma no te sirve desde 2025.
Sin papel y sin gritos. Y separando barra de cocina, o la cocina acaba leyendo veinte cañas.
Es obligatorio. Si el programa te deja publicar un plato sin declararlos, te está dejando meterte en un lío.
Escandallo por plato. Dos platos que se venden igual pueden dejar márgenes muy distintos.
Y avisar de lo que no se puede hacer antes de que lo pida una mesa.
Obligatorio desde 2019 y hay que conservarlo cuatro años. El cuaderno vale hasta que hay una inspección.
Dónde encaja Megarum
Encaja en bares, cafeterías, coctelerías y restaurantes de carta corta que quieren un solo programa desde la mesa hasta el escandallo, sin comprar máquinas.
No encaja todavía si necesitas reservas de mesa, reparto a domicilio con plataformas, o cobro con tarjeta integrado en el propio programa — eso hoy va con tu datáfono de siempre.
Decirlo antes cuesta alguna venta y ahorra todas las malas.
Preguntas
Un TPV clásico se paga de golpe, entre máquina y licencia, y luego el mantenimiento aparte. Los programas por cuota van de unos 20 a 100 euros al mes por local según lo que incluyan. Megarum va de 29 a 99 euros al mes por local, sin cuota de alta y sin permanencia.
Sirve una tablet, un móvil o cualquier ordenador con navegador. Comprar una máquina dedicada solo compensa si necesitas cajón portamonedas e impresora integrados, y aun así se pueden conectar aparte.
Es la pregunta que hay que hacer antes de firmar, no después. Pide que te enseñen cómo se descargan las ventas y el libro de facturas. Si no hay manera de sacarlos, no son tuyos.
Si vendes solo bebida, no. En cuanto hay cocina, es lo que separa saber lo que facturas de saber lo que ganas: dos platos que se venden igual pueden dejar márgenes muy distintos.
Es obligatorio desde 2019 para toda empresa con personal, y hay que guardarlo cuatro años. Muchos bares lo llevan en un cuaderno, que vale hasta que hay una inspección.
Lo largo es montar la carta con sus precios y sus alérgenos. Con alguien que te la monte, una mañana. Solo, una tarde larga.
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